Lobo

Estabas dormido y observe por un rato el lobo tatuado en tu espalda, y me di cuenta que tú me miras así cuando tienes ganas de estrellarme en la pared, de ponerme sobre la mesa de la cocina, el sillón, el piso, la terraza, o donde sea para saciarte como un animal sin preámbulos ni cursilerías, y después te vi tan tranquilo durmiendo y me pregunté por un segundo ¿Qué hago aquí? ¿Qué sientes por mí? ¿Qué siento por ti? A mí ni siquiera me gustan los hombres tatuados, pero eres la droga que necesito y soy la mujer a la que siempre vuelves, eres el sexo salvaje y tierno que me falta cuando el estres y la porquería de la vida me alcanzan, y sólo yo entiendo tus vacíos, y sólo tú entiendes los míos, y a veces en esas noches y madrugadas ya exhaustos y sudados tumbados en cualquier parte, nos miramos con la misma complicidad que esa primera vez en tu auto, ambos sabemos que lo nuestro fueron ganas a primera vista,  y son ganas de coger, de no pensar, de no sentir, de no estar solos, de escaparnos juntos de los recuerdos, de los hubiera, de los porqués, por eso a veces no te beso y por eso a veces no me besas, porque los besos son un pedacito del alma y lo nuestro no es amor, es tan sólo sexo.

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